Elegía a la muerte de Atahualpa

Ilustración adaptada del original del cronista Guamán Poma de Ayala que decía "Córtale la cabeza a Atahualpa Inca"

Información de la obra
Atahualpa Huañui es una composición poética quichua que lamenta la muerte del Inca Atahualpa, rescatada para la posteridad por don Juan León Mera en su obra Ojeada histórico-crítica de la poesía ecuatoriana (1868) y valorada como el más importante ejemplo de poesía quichua originario de nuestro territorio.
Efectivamente, Atahualpa Huañui fue publicado por vez primera en el capítulo primero de la mencionada “Ojeada histórico – crítica …” que titula “ Indagaciones sobre la poesía quichua”, allí el autor nos presenta el poema diciendo que “hay unos versos sobre la muerte de Atahualpa, hechos sin duda cuando la memoria de la terrible catástrofe estaba harto viva entre los indios, y los únicos de aquel tiempo que la tradición nos ha conservado” (1893: 16). De sus palabras se deduce que estos versos eran parte de la tradición oral mantenida hasta aquel entonces en la memoria de los indios, mantenida como recuerdo de aquel fatídico “Chaupi punchapi tutayarca” (Anocheció en la mitad del día).

Fernando Mayorga
(Tomado del blog: SCRIPTORVN GUAYAQVILENSIS)

ATAHUALPA HUAÑUI

En un corpulento guabo
un viejo cárabo está
con el lloro de los muertos
llorando en la soledad;
y la tierna tortolilla
en otro árbol más allá,
lamentando tristemente
le acompaña en su pesar.
Como niebla vi los blancos
en muchedumbre llegar,
y oro y más oro queriendo,
se aumentaban más y más.
Al venerado padre Inca
con una astucia falaz
cogiéronle, y ya rendido
le dieron muerte fatal.
¡Corazón de león cruel,
manos de lobo voraz,
como a indefenso cordero
le acabasteis sin piedad!
Reventaba el trueno entonces
granizo caía asaz,
y el sol entrando en ocaso
reinaba la oscuridad.
Al mirar los sacerdotes
tan espantosa maldad,
con los hombres que aún vivían
se enterraron de pesar.
¿Y por qué no he de sentir?
¿Y por qué no he de llorar
si solamente extranjeros
en mi tierra habitan ya?
¡Ay!, venid hermanos míos,
juntemos nuestro pesar,
y en ese llano de sangre
lloremos nuestra orfandad,
y vos, Inca, padre mío
que el alto mundo habitáis
estas lágrimas de duelo
no olvidéis allá jamás.
¡Ay! No muero recordando
tan funesta adversidad.
¡Y vivo cuando desgarra
mi corazón el pesar!

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